
El pino blanco (Pinus halepensis), de hoja perenne y copa irregular, produce piñas que pueden permanecer en el árbol durante un par de años o más. Este árbol está cada vez más presente en nuestro paisaje balear, aprovechando los incendios y el abandono de los cultivos para expandirse. En 1972 se descubrieron las subvariedades: el pino «ceciliae» y el pino «enano».
Este pino blanco «Ceciliae» se distingue por una copa más alargada, con ramas más rectas y más pegadas al tronco. Esta variedad se considera una especie endémica de Mallorca.
El pino blanco «enano» tiene piñas y agujas mucho más pequeñas que un pino normal y crece más lentamente.
Un ejemplo es el injerto de bruja, una mutación que hace que una rama crezca densamente poblada y enana. Este enanismo está causado por la infección con el fitoplasma «Phytoplasma pini», transmitido por aves, ácaros o insectos.